Batman Killer
James E. Holmes: luego de la masacre, el presunto asesino se presentó como el Guasón.Mundo /
El autor de la masacre de Colorado pedía cigarrillos, se paseaba en su Hyundai, frecuentaba bares y llevaba una vida solitaria. ¿Pero quién era realmente?
Por Christine Pelisek y Eliza Shapiro
James Eagan Holmes, el sospechoso de la masacre de Colorado, pasó la mayor parte de los últimos 13 meses en Aurora, Colorado, una ciudad de 332.000 habitantes que se ha hecho famosa por Missy Franklin, nadadora olímpica de 17 años de edad a quien apodan "el Misil". Holmes, hijo de un maestro de escuela y gerente de una compañía de software, solía recluirse la mayor parte del tiempo, alejándose apenas de un radio de 6,4 kilómetros salvo por algunas contadas visitas a tiendas de armas, incluyendo una casa de empeño en San Diego, donde compró un rifle semiautomático tipo militar, una escopeta y dos pistolas Glock calibre .40. Holmes usó estas armas supuestamente para abrir fuego contra cientos de espectadores desprevenidos que, el 20 de julio, habían asistido a la función de medianoche de Batman: el caballero de la noche asciende en el complejo de cines Century 16, cobrándose al menos 12 muertos y 58 heridos.
Sus vecinos y los dueños de comercios del norte de Aurora, una zona con altas tasas de criminalidad, donde vivía en un edificio de ladrillos de tres pisos, repetían lo mismo: reconocieron su rostro cuando lo ampliaron en televisión la mañana del viernes, pero en realidad nadie lo conocía. En ocasiones, Holmes "garroneaba" cigarrillos a los vecinos, se paseaba solo en su Hyundai blanco y frecuentaba bares de mala muerte para tomar unas cervezas. Antes de que su rostro fuera difundido por los canales de televisión de todo el país, apenas dejaba huellas. Ese fue exactamente el punto.
"Creo que vino aquí específicamente para desligarse de su vida y creo que la preparación se transformó en el ataque al complejo de cines", dijo Steven Foster, experto en seguridad internacional y ex oficial de policía de Aurora. "Tenía que desligarse en Colorado. Había demasiadas formas en las que podía ser visto o capturado. Todo esto habla de su personalidad y del nivel de preparación de su delito. La razón de ser de sus acciones da cuenta de un individuo que quiere ser admirado, adorado o venerado por ser un loco maníaco".
Holmes, un hombre alto y de cabello oscuro, vivía a la sombra del Anschutz Medical Campus de la Universidad de Colorado, un complejo de hospitales en crecimiento, situado a una distancia de 10 minutos a pie de su apartamento de la calle París. El vecindario habitado mayormente por hispanos y caracterizado por departamentos que se alquilan a bajo precio (se pueden conseguir unidades de un dormitorio por tan solo US$ 550 al mes) y casas destartaladas está plagado de crímenes de pandillas y drogas—algunos de ellos provienen de los hoteles donde se consume crack de la avenida Colfax cercana al vecindario. En los últimos tres meses, dos personas fueron baleadas y asesinadas a pocas cuadras del departamento de Holmes.
Es un lugar perfecto para ocultarse o tramar una masacre.
"Es el gueto de la vieja escuela", afirmó Rosando Casaus, quien está bajo libertad condicional y vive a dos cuadras de Holmes. "Este lugar no es seguro para nadie". Casaus contó que se encontró con Holmes por primera vez el miércoles, el día antes de la masacre. Holmes le preguntó si sabía de algún departamento barato que estuviera en alquiler. Holmes también terminaba a veces en el jardín de adelante de la casa de Elila Nnah, de 22 años de edad, donde pedía prestados cigarrillos y tomaba cerveza. "Nunca me causó una mala impresión. Era muy bueno con mis niñas", comentó señalando a sus dos hijas pequeñas.
Carl Allen, un vecino de cincuenta y cuatro años de edad, dijo haber visto a Holmes en Zephyr, un bar del barrio, en algunas ocasiones. Los dos hablaban a veces de fútbol: Holmes era fanático de los Philadelphia Eagles. Pero evitaba hablar de asuntos personales.
Holmes también caía a menudo en Montview Bar and Grill, un lugar sórdido con dos agujeros de bala en la gran puerta metálica de acceso. Se sentaba en la parte trasera del bar, cerca de la ventana, en un agrietado taburete de cuero. Los clientes que frecuentaban habitualmente el lugar contaron que siempre estaba solo.
En el corto trayecto que Holmes recorría todos los días hasta el Edificio de Investigación Norte Nº 2, donde trabajaba con otros cinco estudiantes como investigador en un programa de doctorado en neurociencia, pasaba por dos hileras de casas tapiadas, playas de estacionamiento sin asfaltar llenas de escombros y un local de la cadena Subway, donde trabajaba como cajera una joven a la que supuestamente asesinó luego en forma sangrienta.
En el recinto universitario, Holmes trabajaba en un programa federal de becas de los Institutos Nacionales de Salud que le pagaba US$ 26.000 al año en cuotas mensuales, según el portavoz de la Universidad de Colorado, Jacque Montgomery. Como parte del programa avanzado, Holmes realizó una presentación en mayo sobre los biomarcadores de microADN en una clase denominada "Fundamento biológico de los trastornos psiquiátricos y neurológicos". Más recientemente, dio un examen oral de tres partes que marcó el final del primer año de sus clases.
La vida de Holmes parecía ir en la dirección correcta. Se crió en una zona acaudalada de San Diego con una madre enfermera, Arlene, y su padre, Robert, gerente de una empresa de software. Un padre cuyo hijo jugaba al fútbol con Holmes recuerda que era "un niño extraño, distante".
"Creo que vino aquí específicamente para desligarse de su vida y creo que la preparación se transformó en el ataque al complejo de cines", dijo Steven Foster, experto en seguridad internacional y ex oficial de policía de Aurora.
"No hablaba mucho, pero se notaba que era inteligente", agregó. "Sin embargo, parecía creerse mejor que los otros niños en algún punto. Parecía creer que era más inteligente que los demás. Quizás lo era. Pero yo no creo que fuera un chico realmente popular".
Mike Fortín, quien vive justo en frente de la familia Holmes, dijo que su hija era compañera de la secundaria de Holmes. "Era un buen estudiante. Vivía en un buen hogar. Y luego lo pierde todo. Es increíble. Es un muchacho al que no reconozco. El muchacho del que hablan en los noticieros no es el muchacho que vivía en nuestra cuadra".
Antes de mudarse a Colorado, Holmes trabajó como pasante de verano en el Instituto Salk de Estudios Biológicos en La Jolla, antes de obtener el título de licenciado en neurociencias otorgado por la Universidad de California en Riverside.
Al llegar a Colorado, no había nada de su vida pública que indicara que, poco más de un año más después, supuestamente abriría fuego en una función de la última película de Batman cuya venta de entradas estaba agotada.
Sin embargo, según Foster, ese fue su plan desde el principio. "Para él, era como una cuenta regresiva", aseveró. "Comenzó a hacer varias cosas para desligarse de su vida. Tomó una decisión: voy a llevar esto hasta las últimas consecuencias. La decisión fue tomada meses atrás".
La policía cree que en mayo Holmes comenzó a almacenar armas. Durante los últimos meses, incluso antes de comprar su primer rifle el 22 de mayo, Holmes tenía "un gran volumen de paquetes entregados a su casa y a otras direcciones", dijo el agente del FBI, James Yacone. La policía sospechaba que esos paquetes contenían algunos de los productos químicos y municiones que Holmes había acumulado antes de la matanza.
En junio, Holmes abandonó el programa de doctorado por motivos no especificados.
"Creo que una cosa [sus estudios] se volvió menos importante que la otra, por lo que no quería darle la atención que necesitaba", señaló Foster. "Él se centró tanto en este evento que comenzó a desligarse de sus estudios. Las clases perdieron importancia y esto captó toda su atención. Esto se tuvo que transformar en el centro de su vida cotidiana".
El 25 de junio, Holmes solicitó ser admitido como miembro en un campo de tiro denominado Lead Valley Range en Byers, Colorado. "No había ningún signo de alarma en la solicitud", dijo el dueño Glenn Rotkovich a The Daily Beast. Holmes adjunta el formulario de solicitud en un correo electrónico junto con una breve nota: "Hola gente", escribió. "Vean el archivo que adjunto para ser miembro. Saludos, James." Sin embargo, nunca se le concedió una membrecía, porque Rotkovich tenía un mal presentimiento sobre él.
El 2 de julio, Holmes compró un chaleco de asalto urbano, dos porta cargadores y un cuchillo en TacticalGear.com (un sitio de Internet). También compró 37 litros de nafta en el camino.
Dieciocho días después, Holmes se tiñó el cabello de rojo y supuestamente armó una trampa explosiva en su apartamento con un complejo laberinto de alambres, explosivos improvisados y gasolina. Luego manejó su auto hasta el complejo de cines Century 16, donde compró una entrada y esperó a que comience la película. Treinta minutos más tarde se levantó de su asiento y mantuvo abierta la puerta de atrás, donde estaba estacionado su Hyundai blanco. Se puso un chaleco antibalas, un casco antidisturbios y una máscara de gas y se armó con un rifle automático, una escopeta y una pistola Glock calibre .40, dijeron las autoridades. El resto ya es historia.
"La forma en que realizó esta coreografía desde un punto de vista táctico-estratégico fue para causar la mayor cantidad de daños y víctimas", dijo Foster. "Probablemente haya estado varias veces en el complejo de cines. Él sabía cuánto tiempo durarían los avances. Él sabía cuándo iban a comenzar las escenas de disparos. Él tuvo que haber comprado entradas para el cine y probar el mecanismo de entrada y salida".
Holmes fue detenido en el estacionamiento del cine, unos minutos después de que su rifle aparentemente se atascara. Se presentó personalmente al oficial de policía como el Guasón. "Estaba de pie en la parte de atrás con su rifle y su máscara, la policía lo redujo y se entregó sin resistencia", dijo Foster. "Ese es un claro indicador de que lo que él quiere obtener es fama, infamia y reconocimiento".
El domingo 22 por la noche miles de personas se reunieron en el jardín frente al Centro Municipal de Aurora en una vigilia. El presidente Obama acababa de reunirse con los sobrevivientes heridos del tiroteo y con las familias de las víctimas. Las personas repartieron folletos del Nuevo Testamento. Los Boy Scouts repartieron botellas de agua, toallitas húmedas y refrigerios. Los deudos celebraron con racimos de globos coloridos—algunos de los cuales fueron soltados al cielo—y sostuvieron velas, mientras agentes del FBI escrutaban a la multitud con binoculares desde la azotea del centro municipal. El alcalde Steve Hogan dijo a la multitud: "Esta noche cada uno de nosotros está buceando por las profundidades de nuestras almas y preguntándose cómo pudo haber ocurrido esto".
La respuesta a esa pregunta sólo se encuentra en los lugares más recónditos de la mente del asesino. "Creo que esto había estado retorciéndose en su interior durante mucho tiempo", señaló Foster. "Es posible que nos enteremos que se estuvo gestando en su interior durante meses o años".
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