¿Karl Lagerfeld puede hacerlo solo?
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Lagerfeld es un genio en Chanel, pero es posible que el caos de sus otras empresas esté afectando su genialidad.
Por Robin Givhan
Karl Lagerfeld está sobrevalorado.
Semejante afirmación es una herejía en el universo de la moda, donde el aclamado diseñador se pavonea desde el Olimpo del éxito como director creativo de Chanel. Sin embargo, es verdad.
El pronunciamiento no sugiere que el germano Lagerfeld carezca de talento o influencia cultural, lo cual ha quedado demostrado con su labor en Chanel. El problema es que los aficionados a la moda no sólo idolatran a Lagerfeld por su destreza para preservar la imagen de la célebre casa francesa: le rinden pleitesía por la cantidad —más no la calidad— de sus labores católicas; porque, en determinado momento, dividió su atención entre tres marcas (Chanel, Chloé y Fendi, donde continúa al frente); y porque ha lanzado media docena de versiones de una colección con su nombre —cada cual rodeada de enorme expectación y aunque la mayor parte ha sido decepcionante, no ceja en su empeño. De hecho, el pasado 25 de enero presentó su más reciente intento en Net-a-Porter.com, "KARL por Karl Lagerfeld".
El modisto ha sido celebrado como fotógrafo y aplaudido por acumular una impresionante colección de iPods; ha publicado y colaborado en libros por lo que se le considera, si bien no un intelectual, al menos un hombre de letras. Ha desarrollado un estilo personal memorable y con un enorme magnetismo que fusiona la cabellera de Madame de Pompadour con el garbo de Mick Jagger. Ha sido declarado "un genio", un "hombre del Renacimiento" y "el Káiser".
Aunque la industria de la moda desfallece y pierde el aliento a la menor provocación, es posible que Tom Ford sea quien más se aproxima a Lagerfeld por la efervescencia que genera su sola presencia (causó tumultos en tiendas durante la promoción de su línea de cosméticos). Ford también se ha mostrado dispuesto a probar suerte en otros campos. Hizo gala de destreza con "A Single Man", su primera incursión como cineasta. En cualquier caso, Ford siempre tiene alguien que corre a defenderlo con el argumento de que no es tanto un gran diseñador como un excelente vendedor y estilista, un individuo para quien la totalidad de su trabajo es mayor que cada una de sus facetas. Verídico o no, es irrelevante. Lo importante es que la obra de Ford ha merecido la consideración de la crítica y su éxito durante los años transcurridos en Gucci nunca dio lugar a suposiciones acerca de su brillantez en otros ámbitos.
La amplia gama de intereses de la diseñadora Miuccia Prada –desde arquitectura hasta cine— se ha convertido en tema de una próxima exposición en el Museo Metropolitano de Arte, mas sus admiradores se identifican con ella eminentemente como hacen los estudiantes de posgrado en torno de una profesora particularmente favorecida.
Así pues, Lagerfeld es una peculiaridad dentro de una industria peculiar. Indiscriminadas alabanzas gotean sobre él en glóbulos espesos y opacos, de allí que haga falta una prueba de precipitación de sedimentos para esclarecer el funcionamiento de un negocio prácticamente hermético e impelido por el dinero, la personalidad, el arte y los juegos de manos.
Lagerfeld llegó a Chanel en 1983, más de una década después de la muerte de su fundadora y en un momento en que la casa se había transformado en una humilde proveedora de fragancias. El alemán resucitó la marca de tal manera, que la próxima alfombra roja de los Premios de la Academia estará incompleta si una o dos estrellas no pasan flotando frente a las cámaras, envueltas en alguna creación de tul y bordados hecha a la medida en Chanel. Por otra parte, Karl se ganó el afecto de la mayor potencia del mundo de la moda, Anna Wintour (Editora de Vogue), quien suele recurrir a Chanel para obtener su guardarropa y más… Las gafas de sol que son su sello distintivo o el blanco conjunto haute-couture que lució en la cena de estado que la Casa Blanca ofreció al presidente chino en 2011.
Así como cada clásico de Chanel y cada versión del vestidito negro incita a la lujuria de las conocedoras, hay igual cantidad de perturbadores ejemplos de ridiculez: una chaqueta de tweed convertida en disfraz de circo, prendas masculinas que estremecerían a la más apasionada travesti, bolsos de mano que hieden a ambición social.
Claro que sin riesgo, no hay recompensa. Lagerfeld tomó el vocabulario de Gabrielle "Coco" Chanel —las chaquetas de grueso bouclé, los relajados cardiganes, los numerosos hilos de perlas, las camelias— y lo adaptó para expresarse en términos más impetuosos y contemporáneos. Expandió la filosofía del buen gusto y confort de Mademoiselle para vincular la marca con cualquier cosa, desde el hip-hop urbano hasta la alta costura, desde los logotipos más viles hasta el consumismo descarado. Y lo hizo con gran éxito, financiero y de la crítica. Lo que Lagerfeld no ha hecho es expandir ese vocabulario con aportaciones propias. Si un gran diseñador ha de ser juzgado por la silueta que popularizó, la sensibilidad que nutrió o una estética suya, podemos afirmar que Lagerfeld es un fracaso.
Karl ha dedicado toda una vida a diseñar para Fendi —ya desde sus inicios, cuando era una humilde peletería familiar italiana, fue contratado para explotar la diversidad de las pieles y lo que hizo fue teñirlas, pintarlas, rasurarlas y contorsionarlas de mil maneras—. Sin embargo, lo que ha particularizado a Fendi desde hace más de una década es el bolso baguette que todavía puede encontrarse a la venta, por miles de dólares, en eBay; y al respecto, lo sorprendente es que no fue Lagerfeld quien lo diseñó, sino Silvia Venturini Fendi.
En Lanvin, Alber Elbaz creó una fusión única de energía y sensualidad que puede resumirse en un jersey o un vestido de satén drapeado; Armani transformó el "atuendo de poder"; y Versace se distinguió por definir la frontera entre la sensualidad y la vulgaridad. Pero Lagerfeld se ha limitado a ampliar una carretera construida por la propia Chanel. En opinión de Amy Shea, ha sido "un guardián fabuloso" de la identidad de Chanel.
Shea, socia de la firma Brand Keys, es admiradora de Chanel. Cuando nos entrevistamos, explicó que no llevaba ninguna prenda de la marca por un exagerado sentimiento de sobreprotección. "Estuve a punto de ponerme mis zapatillas, pero me pareció que iba a llover".
A lo largo de su carrera, Shea ha visto difuminarse la frontera entre una gran marca y una personalidad cautivadora. Aunque las marcas representan algo y la personalidad es paja para los medios, la confusión entre ambas explica por qué la industria de la moda a menudo proclama el éxito de diseñadores carismáticos, como Isaac Mizrahi, mucho antes que produzcan dividendos. Y también explica por qué aun los inversionistas más avezados botan su dinero en los "consentidos" de la industria, como Zac Posen, a pesar de que todavía no se han labrado un nicho en el negocio. Es fácil explicar el caso de las líneas de "moda de celebridades" con el ejemplo de Kanye West quien, no ha podido expresar su punto de vista como diseñador. Lagerfeld es la personalidad que dirige Chanel, pero nunca se ha desviado de la ruta trazada por el omnipresente estilo Coco. "La marca no está ligada a Lagerfeld", señala Shea. "Es Lagerfeld quien está ligado a la marca".
El resultado es que Lagerfeld necesita más de Chanel que lo contrario. "El tema de conversación en la boutique es la historia de Coco: sus bolsillos ocultos para cartas de amor, el interior marrón de un bolso que le recordó el uniforme que usaba en el orfanato", explica Barbara Grant, quien trabajó una década en Chanel y fue directora de la sucursal de Boston. "Eso es lo que están comprando".
Cualquiera tiene una idea de lo que puede esperarse de Lagerfeld al asistir a su pasarela: la colección será Chanel y tendrá todos los indicadores esperados. Variación no significa reinvención. Un músico de jazz puede improvisar el tema Take the A Train, pero la canción seguirá siendo de Billy Strayhorn.
Cuando da rienda suelta a su creatividad en una colección propia, Lagerfeld se esfuerza por contar una historia estética. Ha lanzado incontables iteraciones de su línea personal, y cada una de ellas ha sido recibida con entusiasmo entre los fanáticos de la moda; de hecho, la colección de 2004 para H&M se agotó rápidamente. En contraste, su colección de 2006 fracasó con la misma celeridad y la línea que introdujo el año pasado para Macy’s parecía una edición barata de Chanel.
Para Patricia Mears, historiadora y directora adjunta del museo del Instituto Tecnológico de la Moda, el trabajo de Lagerfeld es poco interesante —aun cuando el Consejo de Alta Costura, que contribuye financieramente al museo, le dedicó un homenaje en 2010. "Su moda no es vanguardista, sino derivada. Una mezcla de tendencias... Dibuja lo que le parece interesante, pero sin continuidad. A veces muy disperso", sentencia.
En su estrategia para comercializar la nueva línea, KARL, Net-a-Porter (sitio suntuario en línea) ha apostado a que los compradores se sentirán atraídos no tanto por Lagerfeld como artista, sino por Lagerfeld como personaje. "La mayor parte de nuestros clientes lo conocen como celebridad", explica Alison Loehnis, directora general de Net-a-Porter. "Es una personalidad de alcance global". Hace un par de meses, Net-a-Porter lanzó una campaña de mercadotecnia para KARL y los técnicos del sitio se prepararon para el febril ataque de los consumidores durante los primeros días, desarrollando toda suerte de ventanas de aparición automática y aplicaciones.
Como parte de su nueva colección, Lagerfeld ofrece una confusa mezcla del estilo neoyorquino con elementos euro-trash y toques de preciosismo. "Es muy Karl", insiste Loehnis. "Eso significa que la colección es monocromática, con mucho blanco y negro, y un aire callejero. Es genial; intemporal, pero juvenil. Se inspira mucho en el rock. De hecho, se parece a él: ceñidos jeans, guantes sin dedos", dice. "Lleva su huella".
En realidad, más parece una "colección de celebridad", de ésas que no han sido diseñadas, sino editadas para proyectar la imagen del homónimo. En suma, el tipo de colección que ofrecerían Jennifer Lopez, Rachel Zoe y Beyoncé, cuyas líneas no tienen el objetivo de expandir el ámbito creativo de la moda, sino de ayudar a los consumidores a vestirse como sus íconos.
A pesar de los aparentes remilgos con que la industria tolera las colecciones de famosos, Lagerfeld no es otra cosa que una celebridad que la propia industria ha creado, con la única diferencia de que se promociona de manera muy distinta a otros diseñadores que posan sus campañas publicitarias —desnudos o como sea—. Los unos ofrecen sus productos de manera personal y provocativa, mientras que el otro es la mercancía. La colección KARL incluye una bolsa de lona decorada con su perfil (25 dólares), un collar de popelina (95 dólares) muy parecido a otros más que se han convertido en su sello personal, y una camiseta con su rostro (120 dólares). Su colección de Macy’s también incluía camisetas y blusas con su cara. Lagerfeld es una estrella de rock y lo que ofrece son souvenires para fans.
En la última década, la reputación de Lagerfeld ha crecido a la par que él mismo se ha reducido. Siempre tuvo una figura impresionante, pero luego de perder casi 40 kilos, ha tenido que cuidar su imagen pública. A tal fin, ahora luce estrechos vaqueros Diesel, ajustados trajes Dior Homme y guantes sin dedos. Hace poco lanzó un CD titulado "Mis canciones favoritas"; apareció en el documental, Lagerfeld Confidential; y diseñó botellas para Coca-Cola. Entre tanto, su interés por la fotografía ha sido aplaudido. En 2006 montó su primera muestra estadounidense en la Galería Pace/MacGill y en 2007 recibió el Premio de los Custodios del Centro Internacional de Fotografía (CIF), que elogió su influencia en el campo de la fotografía. ¿Esto significa que posee un don excepcional?
"Para mí, es un observador de la vida", dice Sue Hostetler, custodia de CIF y directora editorial de la revista Arte Basel Miami Beach. "¿Ha producido alguna imagen que impacte el mundo de la fotografía como hizo [Henri] Cartier-Bresson? No. Nadie abrirá una revista y quedará boquiabierto al contemplar una de sus fotos... [Pero] su perspectiva es muy personal y apasionada. Puedo identificarlo visualmente en su trabajo".
El análisis de Hostetler sugiere que es imposible separar al hombre de su obra. De ser así, desmiente el conocido aforismo de que todo buen producto creativo habla por sí solo. Mas las cosas no son así en la moda. Después de todo, la industria trafica con personalidades infladas, mitos creacionales, fantasías de Cenicienta y transformaciones mágicas. Nada es lo que parece. La moda atiza la imagen de los editores como individuos bien vestidos, benevolentes dictadores; eleva escuálidas jóvenes de dudoso talento a la condición de parangones sociales; enaltece a los diseñadores como Pigmaliones con rollos de seda.
Y Karl Lagerfeld —el genio, el virtuoso, el mago en todos los ámbitos— es nada menos y nada más que la mayor invención fantasiosa de la moda: el mito que devoró al hombre.
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