El factor personal
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Antes que por temas de fondo, la puja entre Hugo Moyano y Cristina Kirchner está teñida por un choque de estilos, de declaraciones y de géneros.
Por Andrés Fidanza
"Sí, sí, con él tenía mucha más relación; nunca pasó esto que está pasando ahora". En estos días, Hugo Antonio Moyano invocó dos veces la distinción entre él y ella que tanto fastidia a Cristina Fernández de Kirchner. Las dos fueron expuestas por TV, y la última fue concretada en los mismísimos estudios de TN, el canal maldito del kirchnerismo, y ante las preguntas en tono sedado del veterano Joaquín Morales Solá, el periodista más maldito del canal maldito. Una discriminación que no es ninguna novedad en el cotilleo (semi)confidencial de los sindicalistas, políticos, empresarios, piqueteros, empleados y civiles que circularon y circulan por Casa de Gobierno, y que trataron tanto a Néstor como a Cristina Kirchner durante sus funciones de presidente. Desde 2007, cuando NK pasó la banda de tela y el bastón de plata, madera y oro a su esposa, la comparación entre el carácter y las formas de uno y otra se volvió un ejercicio inevitable, a la vez que un fuerte lugar común en las charlas informales de la política patria. Y desde que murió Néstor Kirchner, en octubre de 2010, mucho más; porque si bien Cristina ya era entonces la presidente desde hacía tres años, su marido y "compañero", según el código generacional de la pareja, siempre fue el encargado de lidiar con dirigentes como Moyano, y con Moyano en particular. La ceremonia que se componía de etapas calculadas: negociar, discutir y, finalmente, hacerse entender. Y no faltaban chicanas futboleras entre ambos varones (Kirchner era tan fanático de Racing como Moyano de Independiente) para suavizar la pulseada por el poder.
A principios de 2008, con Cristina Kirchner recién asumida y en momentos de paz entre la CGT y el Gobierno, Moyano ya afirmaba con humor y nostalgia que "con Cristina no se puede hablar de fútbol". A esta altura de la historia y la microhistoria, sabemos que la charla futbolera no es sólo una conversación temática: es el genuino argentinian way of life del universo varonil.
Ahora, los tiempos políticos son otros: después del "cincuenticuatrazo" por ciento conseguido por CFK en las elecciones de octubre de 2011, cambió el trato preferencial hacia el jefe de la CGT, el aliado externo más poderoso de los que le quedan (¿o le quedaban?) al oficialismo. El resultado de la actual guerra fría con Moyano se mantiene abierto, pero el vínculo ya se perfila hacia la ruptura franca, quizás matizada por lapsos de tregua. La renovación de autoridades en la CGT de junio próximo (aunque no lo confirmó, Moyano iría por un nuevo mandato) viene a potenciar y acelerar la tensión entre el kirchnerismo y moyanismo.
¿Motivos de fondo para explicar el posible quiebre? Vista desde el Gobierno, el actor que en definitiva más buscó el choque, la lista incluye: una búsqueda somera de terminar con los reclamos "extorsivos" de la CGT; poner coto a las ambiciones políticas personales de Moyano (que de todas formas, marchaban hacia el fracaso); morigerar sus exigencias de cargos en las listas y las fórmulas (que tampoco eran satisfechas por CFK); y controlar los planteos por fuera de agenda gubernamental, tales como el (congelado) proyecto para repartir las ganancias empresariales con los trabajadores.
Insólitamente, en ningún caso se trata de una reforma profunda del sistema sindical, ni de un intento por democratizar la representación gremial, poniendo a la CTA en pie de igualdad con la central oficial. El objetivo tampoco apunta a un trasvasamiento generacional al estilo del ensayado por CFK con los militantes de La Cámpora, porque sólo con un tremendo esfuerzo de voluntad se podría calificar al metalúrgico Antonio Caló —presuntamente, el favorito del Gobierno para reemplazar a Moyano— como un exponente de la renovación sindical. Con una dosis de condescendencia se lo podría calificar como un hipotético jefe cegetista más leal y menos autónomo de la Rosada. Aunque tal ventaja depende excesivamente de la coyuntura, porque ya se sabe lo que vale la lealtad en política cuando el panorama se complica y los humores sociales se dan vuelta.
Así es que el factor personal, mezclado y revuelto con motivos más formales, influye pesadamente en este divorcio político. Un combo que va desde el choque de liderazgos y estilos hasta las escaladas y los desbordes en las declaraciones públicas (que tienen el efecto de volver ineficaces los intentos subterráneos de reconstrucción), rematado por una pizca de machismo más o menos solapado.
El primer eslabón público del desencuentro entre CFK y HAM se escenificó apoteóticamente en la cancha de River, doce días antes de la muerte de Néstor Kirchner. Aquel 15 de octubre de 2010, Moyano se ilusionó imaginando "el momento en que un trabajador llegue a la Rosada". Y a su turno, Cristina Kirchner lo miró a los ojos y le dedicó: "Usted que anda pidiendo un trabajador en la Casa Rosada, yo quiero decirle que trabajo desde los 18 años". Moyano se reía incómodamente en el palco junto a Kirchner, que lo miraba con cara y gesto de "no la puedo manejar".
Para el analista y consultor Rosendo Fraga (Nueva Mayoría), "con esa respuesta de Cristina empezó el conflicto que sigue hasta hoy". Sobre el pronóstico de la relación, Fraga asegura a Newsweek que "camina hacia la ruptura".
Después, continuó el ping pong público entre oficialismo y CGT, con pico dramático en otro estadio de fútbol, en diciembre pasado. El Día del Camionero, en Huracán y bajo una imponente tormenta de verano, Moyano subrayó una vez más la diferencia de diálogo que existía con Néstor Kirchner, y hasta se autoadjudicó un papel decisivo en el componente obrero del 54% obtenido por CFK. El fin de semana pasado, el vicepresidente Amado Boudou le respondió vía Página/12 que el "Gobierno tiene un nivel de interlocución directa con los trabajadores". En bruto, le dijo que su mediación es prescindente a todos los efectos, incluidos los electorales.
"El Gobierno está buscando una renovación en el ámbito dirigencial de la CGT", contextualiza el encuestador Ricardo Rouvier, que suele trabajar para el oficialismo. Pero Rouvier también aclara que "resultó decisiva la dialéctica controversial, que fue escalando y no menguando, ciertas amenazas de Moyano y sus expresiones de preferencia hacia Néstor".
Sobre el supuesto prejuicio machista de Moyano cabalgó el senador Aníbal Fernández, quien planteó que "a lo mejor (a Moyano) le molesta que sea una mujer quien esté al frente del Movimiento Nacional Peronista".
Consultado por Newsweek, un dirigente social que conoció de primera mano a Kirchner, apoya a Cristina y trata seguido con Moyano concedió tres reflexiones contundentes, en apariencia contradictorias, o quizás no tanto. Número uno: "La disputa es política". Dos: "A los muchachos de la CGT les jode que los maneje una mujer". Tres: "Néstor tenía otro tacto para manejarlos".
Desde la perspectiva de género, la lúcida periodista Luciana Peker piensa que "en cualquier análisis, hasta el de una relación amorosa, pensar en que hay un solo factor de tensión sería obtuso". Pero enseguida aclara que "también es obtuso no ver la carga que representa para un hombre —un hombre con poder, acostumbrado a azuzar hombres, enfrentar hombres, negociar con hombres y ganar para hombres— tener que responderle a una mujer". Una mujer que, en este caso, es poderosa y autosuficiente, y trabaja como presidente de un país.
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