Por Alex Milberg

Del cénit al ocaso, de los ositos a la nada

01.02.2012 | 22.32   |   FacebookTwitter
Newsweek / 

Qué nos dice el film de Thatcher. Y por qué tenemos una cuenta pendiente con los isleños.


Alex Milberg
A los 86 años, Margaret Thatcher, como Séneca, nos habla de la brevedad de la vida. El contraste entre juventud y vejez siempre nos marca, nos sacude, nos ayuda a recuperar la perspectiva. Cuando se trata de grandes líderes, tiranos o héroes, dictadores o demócratas, buenos o malos gobernantes, el abismo entre sus tiempos de gloria y de ocaso resulta aún más impactante.

Margaret Thatcher no recuerda lo que dijo hoy en el desayuno. Piensa y habla con su marido muerto hace nueve años. Confunde la guerra de Malvinas con la de Bosnia. Sufrió ataques cerebro-vasculares y, desde hace una década, tal como lo relató su hija Carol en un libro, padece de demencia senil. En estos días, su figura emblemática, incluso la transición del cénit hasta el crepúsculo, cobra actualidad por el estreno mundial de la película "La Dama de Hierro", protagonizada por una impecable Meryl Streep, cuya caracterización es la tapa de esta edición. Como bien señala Amanda Foreman, la película retrata tanto el costado audaz y estratégico de la ex primera ministra como su faceta más arrogante. Streep admite, en una entrevista incluida en el pack de tapa, la mala impresión que aún generan los recuerdos de Thatcher en ciertos sectores. Desde una visión argentina, Fernando Scornik Gerstein, abogado en relación con la Corte Suprema de Inglaterra y Gales, destaca aspectos que la película omite. Y Cristian H. Savio entrevista a Constantino Davidoff, el ex empresario a quien la BBC presentó como "el chatarrero que dio origen a la Guerra de Malvinas". Hoy jubilado, Davidoff, quien tenía 39 años en el ‘82, afirma que perdió US$ 30 millones por las derivaciones del conflicto. La historia del incidente está incluida en el célebre informe Rattenbach, realizado por la junta militar para analizar el desempeño de las Fuerzas Armadas durante el conflicto y cuyo contenido revelador será hecho público, según anunció días atrás la presidente Cristina Fernández.

Mientras tanto, la tensión diplomática crece hasta el absurdo. El Reino Unido acusó a la Argentina de "país colonialista" hace una semana. Y ahora, envía un buque de guerra ("una formalidad", aclara) rumbo a las islas. Desde la Cancillería argentina, reclaman "menos armas y más diplomacia".

A treinta años del conflicto, más allá del doloroso recuerdo, el poder político continúa manipulando la causa, tal como señala el ex canciller Jorge Taiana. La postura argentina ha obtenido mayor apoyo en los últimos meses por parte de la comunidad internacional para lograr que, en sintonía con la postura de la ONU, Londres trate el tema de la soberanía. Queda pendiente, del lado argentino, lograr una mayor integración con los isleños, actores importantes con miras al futuro. Isleños que odian ser llamados kelpers, y que, aunque no lo sepamos, son turistas frecuentes en Río Gallegos y Buenos Aires. Entre los ositos "Winnie the Pooh" del ex canciller Guido Di Tella y la indiferencia absoluta, hay un camino por recorrer.
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