Philip Glass.
Nunca fui fiestero. Tampoco era un santo, pero cuando era joven, tenía la idea de que nunca me iba a casar ni que tampoco tendría hijos. No sé de dónde saqué esa idea, pero pensaba que un artista en serio tenía que estar comprometido con el trabajo y llevar una vida monástica y solitaria. No aconteció de esa forma.
La vida nos ofrece destinos distintos de los que imaginábamos. Tuve cuatro matrimonios y otros tantos chicos, y los mejores momentos de mi vida fueron con mis hijos. Sin embargo, no estaba preparado para eso y tuve que hacer un fuerte trabajo de adaptación. Mis primeros dos hijos, Juliet y Zachary, los tuve con mi primera esposa cuando rondaba los 30 años; el siguiente par de hijos, Cameron y Marlowe, llegó más tarde en mi vida, hacia mis 60 años (fruto de la unión con Holly Critchlow, mi cuarta esposa).
Cuando Juliet y Zachary eran chicos, estaba muy ocupado en mi carrera: escribí, por ejemplo, mis primeras piezas clásicas, Einstein on the beach y Music in twelve parts. Mirando atrás, debería haber pasado más tiempo con ellos criándolos. Ese fue mi mayor error. Pero tuve una segunda chance.
Mi primera esposa, JoAnne Akalaitis, era una directora muy conocida en el mundo del teatro, y ambos estábamos viviendo en París en la década del ‘60. Yo tenía una beca Fullbright. Nos enteramos que podíamos casarnos por cinco libras en Gibraltar, ¡y lo hicimos! Tuvimos los dos hijos poco tiempo después.
Con la ópera Einstein on the road, pasé mucho tiempo en la ruta. Y JoAnne también estaba en la ruta también, con su compañía de teatro Mabou Mines. Una vez se llevó a los nenes durante seis semanas y nos encontramos en el Festival Internacional de Teatro de Belgrado. Luego, los llevé conmigo durante las siguientes seis semanas. Cuando haces muchas giras ocurren cosas como esa, aun cuando después aprendí a no embarcarme en giras tan prolongadas.
En los ‘70 tuve también que trabajar como taxista en Nueva York. Muchas noches pasaba por casa, agarraba a los chicos y los llevaba a dar una vuelta por el barrio porque pensaba que les iba a resultar divertido. ¡Descubrí muchos años más tarde (me lo dijo Juliet) que en realidad ellos estaban aterrorizados porque pensaban que yo había robado el taxi! Y yo pensé que les estaba haciendo pasar un buen rato.
Con los siguientes dos hijos, en cambio, la situación fue diferente. Les pude dedicar mucho más tiempo. Cuando escribo en mi salón de música y ellos se entrometen como hacen los chicos, dejo el lápiz y les pregunto qué quieren hacer. Los llevo a la escuela. Hacemos música juntos, los llevo a la escuela o vamos al parque. Comprendo ahora que crecen muy rápido y ya escribí mucha música en mi vida, así que no importa una composición más o menos. Lo que ahora sé es que el tiempo para compartir con las personas más próximas nunca es suficiente.
Glass es un afamado e influyente compositor clásico estadounidense que esta semana cumplió 75 años. Ganó el Globo de Oro y el BAFTA por la música de "The Truman Show" y "Las horas".